Miro dentro del espejo, de ese fondo de transparente, me tiemblan las manos y la boca bosteza con lentitud. Ya no sé si sean escalofríos o algún nervio escondido que nunca había descubierto. Tiemblo todo, finalmente.
Ella recuerda el vaso de agua como algo prohibido, como el aliento que ansía robar de los niños pequeños. O el beso de lengua que no le puede dar a aquella mujer.
Ella mira cansada su pasado. Y una vez más derrama el vaso. (Todo deseo, sexo y perdiciones)
Quise entrar dentro del espejo, como agua debajo de una puerta. Quise ser espuma en lavadora, humo que sale de la nariz, respiro de un orgasmo inconveniente. Pero no pude. Fracaso, finalmente.
Ella disfruta la gota de agua, cada instante líquido que se transforma en placer, en una fotografía que anuncia que el tiempo y el espacio se congelan. Y ella divide su vida en tantas cosas: en colibrí y en cucaracha, en polvo de ventanas viejas y viento invernal. Se divide en vaso de agua.
El espejo está roto, ese espectro de mil formas que ahora me ve con sus ojos. Se siente como el disco rayado, el hielo en el pecho, la vela que se apaga, el beso que sabe mal. Y se moja el momento, con saliva, sangre y sudor. La mano sangra, toda, finalmente.
Ella desaparece, se disfraza de acordeón ranchero, de una puta de avenida, de un perro con sarna. Se envuelve con el olor de la calle y la suciedad; miro sus ojos y encuentro libertad en el mundo perdido. Como el vaso de agua que tomo y escupo en el retrete. Ella es todo, mugre, alcohol, tierra, pelos, mierda, polvo, azúcar, una fritura podrida, un insecto rastrero, un hongo en el azulejo, una mosca solitaria…
Ella es todo, y yo soy parte de ella.
Y así la amo, finalmente.
jueves, 21 de enero de 2010
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2 comentarios:
El extraño caso...
Te quiero!!!:)
es el amor que se entrelaza con todo lo que la conforma,y aunque sea malo, todo de ella es amado
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