En la escuela de monstruos, la campana no sonaba para indicar la hora de la salida.
Era un gato pardo a quien le jalaban la cola mientras dormía.
En la escuela de monstruos no existen las matemáticas elementales ni las ciencias naturales. Existen “gritos” y “psicología del terror” entre otras adicionales.
En la escuela de monstruos, Griselda se enamoró de un chico fantasma. Escuálido, paliducho que tenía asma. Lambert se llamaba.
Por la tardes, Griselda se arreglaba las orejas y se peinaba con cola. No sabía que los ojos le Lambert solo miraban a Carola, la vampira número uno de la clase, con su inagotable sed que en ocasiones no podía controlarse.
Ella se preguntaba:
-¿Por qué no se fija en el color de mi cabello? ¿O en mis garras largas y afiladas?- Decía con nostalgia
Y Sheldon el zombie contestaba:
-Quizás es porque él mira a otras féminas estilizadas. O no le gustan las chicas con garras.
miércoles, 12 de mayo de 2010
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