Lucía tiene miedo; todo lo posible le parece “impasible”, en su cabeza se escucha lluvia, y el trueno que choca con el acero. ¿Qué tienes niño oculto, eterno suspiro de un sueño incorruptible?
-Tengo miedo de ti- Ella me contestó.
-Pero si yo no existo. Lo siento, pero tú me confundes con alguien más.
Su cuerpo ahora se enfría, sus ojos se vuelven vulnerables, su cabello se convierte en plata, su sangre en mercurio y los labios se quiebran, simulando al hielo sobre el té caliente.
Lucía se está muriendo. Aún no sabe que sigue dormida en un lecho de tierra y césped. No quisiera despertarla, su rostro aún no lo carcomen los insectos, ni aparese ese trío de guitarras chillonas. ¿Qué quieres para despertar, profundo hibrido, lleno de ansiedad y alteraciones?
Lucía recuerda el pasado de su obscura y ambigua historia. (Su historia me recuerda a una canción del columpio asesino) *w* ¿que buscas ahora? ¿Podré saber el porque miras con extrañeza a la lente, o porqué tiñes tu cabeza de colores?
O será como aquel poema sonoro que dice: Quiero un marcador que te resalte, y destacar tu parte más radiante. (Amo esa canción)
Antigua carne, eres más interesante que aquellos exploradores en sus mundos perdidos. Soida Lucía (despierta ahora que ya es lunes y te perderás la vida de afuera)
( y porque a vos quiero verle en la vida de afuera te despertare ahora)
DESPIERTA *w*
viernes, 22 de enero de 2010
jueves, 21 de enero de 2010
vaso de agua. ( acuarela)
Miro dentro del espejo, de ese fondo de transparente, me tiemblan las manos y la boca bosteza con lentitud. Ya no sé si sean escalofríos o algún nervio escondido que nunca había descubierto. Tiemblo todo, finalmente.
Ella recuerda el vaso de agua como algo prohibido, como el aliento que ansía robar de los niños pequeños. O el beso de lengua que no le puede dar a aquella mujer.
Ella mira cansada su pasado. Y una vez más derrama el vaso. (Todo deseo, sexo y perdiciones)
Quise entrar dentro del espejo, como agua debajo de una puerta. Quise ser espuma en lavadora, humo que sale de la nariz, respiro de un orgasmo inconveniente. Pero no pude. Fracaso, finalmente.
Ella disfruta la gota de agua, cada instante líquido que se transforma en placer, en una fotografía que anuncia que el tiempo y el espacio se congelan. Y ella divide su vida en tantas cosas: en colibrí y en cucaracha, en polvo de ventanas viejas y viento invernal. Se divide en vaso de agua.
El espejo está roto, ese espectro de mil formas que ahora me ve con sus ojos. Se siente como el disco rayado, el hielo en el pecho, la vela que se apaga, el beso que sabe mal. Y se moja el momento, con saliva, sangre y sudor. La mano sangra, toda, finalmente.
Ella desaparece, se disfraza de acordeón ranchero, de una puta de avenida, de un perro con sarna. Se envuelve con el olor de la calle y la suciedad; miro sus ojos y encuentro libertad en el mundo perdido. Como el vaso de agua que tomo y escupo en el retrete. Ella es todo, mugre, alcohol, tierra, pelos, mierda, polvo, azúcar, una fritura podrida, un insecto rastrero, un hongo en el azulejo, una mosca solitaria…
Ella es todo, y yo soy parte de ella.
Y así la amo, finalmente.
Ella recuerda el vaso de agua como algo prohibido, como el aliento que ansía robar de los niños pequeños. O el beso de lengua que no le puede dar a aquella mujer.
Ella mira cansada su pasado. Y una vez más derrama el vaso. (Todo deseo, sexo y perdiciones)
Quise entrar dentro del espejo, como agua debajo de una puerta. Quise ser espuma en lavadora, humo que sale de la nariz, respiro de un orgasmo inconveniente. Pero no pude. Fracaso, finalmente.
Ella disfruta la gota de agua, cada instante líquido que se transforma en placer, en una fotografía que anuncia que el tiempo y el espacio se congelan. Y ella divide su vida en tantas cosas: en colibrí y en cucaracha, en polvo de ventanas viejas y viento invernal. Se divide en vaso de agua.
El espejo está roto, ese espectro de mil formas que ahora me ve con sus ojos. Se siente como el disco rayado, el hielo en el pecho, la vela que se apaga, el beso que sabe mal. Y se moja el momento, con saliva, sangre y sudor. La mano sangra, toda, finalmente.
Ella desaparece, se disfraza de acordeón ranchero, de una puta de avenida, de un perro con sarna. Se envuelve con el olor de la calle y la suciedad; miro sus ojos y encuentro libertad en el mundo perdido. Como el vaso de agua que tomo y escupo en el retrete. Ella es todo, mugre, alcohol, tierra, pelos, mierda, polvo, azúcar, una fritura podrida, un insecto rastrero, un hongo en el azulejo, una mosca solitaria…
Ella es todo, y yo soy parte de ella.
Y así la amo, finalmente.
martes, 5 de enero de 2010
Virgilio el limón y Pamela el pez.
Virgilio el limón paseaba por el refrigerador, decía que había un mundo allá afuera, y que el mar es el destino más maravilloso. Pero como era obvio, ningún alimento vegetal comestible creía sus palabras.
-Y es que nadie cree en mi idea del mar y el mundo de afuera. Detrás de estas puertas blancas y frías esta una dimensión enorme y sin fronteras -Exclamaba Virgilio el limón mientras los vegetales comestibles negaban con la cabeza.
Un día la puerta se abre; como un misil costoso y sin dirección Virgilio rueda afuera del refrigerador. Queda en una pata de la mesa del comedor, y temeroso se esconde para no ser visto y poder escapar al mar.
La niña Lucía, quien abrió la puerta del refrigerador se había dado cuenta de que faltaba aquel limón revolucionario, y miró hacia el suelo del comedor vagamente.
-En fin, no creo que valla muy lejos- Dijo Lucía al no encontrar a Virgilio.
-uff. Eso estuvo muy cerca- Dijo Virgilio al ver a Lucía irse a su habitación a leer manga.
Virgilio subió a lo alto de un librero y miró hacia su alrededor.
-¿con que esto es el mundo de afuera?- Decía Virgilio mientras divisaba una pequeña pecera.
Aquella pecera, era redonda, con un pequeño pez japonés nadando con lentitud. El pez era naranja y con ojos muy grandes, y se comía los últimos trocitos de comida para peces (que honestamente el pequeño pececito japonés detestaba, pero no le quedaba de otra)
-Ahí, ese debe de ser el mar- Dijo Virgilio mientras corría hacia la pequeña pecera.
Al llegar Virgilio a la pecera, miró el fondo y miró la figura del pececito japonés. El pez sacó su cabeza del agua y dijo:
-Bien, ¿qué quieres?
-Quiero vivir contigo en el mar.
-pero ¿qué dices?, si esto no se parece al mar en lo más mínimo.
-Yo pensaba…
-Pues te equivocas amigo. Esto es solamente una burbuja de vida para mí.
-¿Cuál es tu nombre?
-Pamela.
-¿y eres feliz Pamela?
-Trato de aparentarlo. Pero bueno… ahora sabes que esto no es el mar, pequeño limón.
Y con un valor desconocido Virgilio dijo temeroso.
-¿Puedo vivir contigo?
-¿Por qué quieres vivir conmigo?
-porque creo que tu burbuja es lo más cercano que tengo al mar.
-adelante, salta y disfruta.
Y cuando Virgilio saltó unas aletas pequeñas y unos ojitos grandes le surgieron de la nada. Nació el primer pez limón. Y Pamela el pez se enamoró profundamente de él.
De su color verde esmeralda y sus ojos saltones.
Y su 5to hijo, un pececito limonesco japonés escribió este cuento en un día de frío en un mes de enero.
fine...
-Y es que nadie cree en mi idea del mar y el mundo de afuera. Detrás de estas puertas blancas y frías esta una dimensión enorme y sin fronteras -Exclamaba Virgilio el limón mientras los vegetales comestibles negaban con la cabeza.
Un día la puerta se abre; como un misil costoso y sin dirección Virgilio rueda afuera del refrigerador. Queda en una pata de la mesa del comedor, y temeroso se esconde para no ser visto y poder escapar al mar.
La niña Lucía, quien abrió la puerta del refrigerador se había dado cuenta de que faltaba aquel limón revolucionario, y miró hacia el suelo del comedor vagamente.
-En fin, no creo que valla muy lejos- Dijo Lucía al no encontrar a Virgilio.
-uff. Eso estuvo muy cerca- Dijo Virgilio al ver a Lucía irse a su habitación a leer manga.
Virgilio subió a lo alto de un librero y miró hacia su alrededor.
-¿con que esto es el mundo de afuera?- Decía Virgilio mientras divisaba una pequeña pecera.
Aquella pecera, era redonda, con un pequeño pez japonés nadando con lentitud. El pez era naranja y con ojos muy grandes, y se comía los últimos trocitos de comida para peces (que honestamente el pequeño pececito japonés detestaba, pero no le quedaba de otra)
-Ahí, ese debe de ser el mar- Dijo Virgilio mientras corría hacia la pequeña pecera.
Al llegar Virgilio a la pecera, miró el fondo y miró la figura del pececito japonés. El pez sacó su cabeza del agua y dijo:
-Bien, ¿qué quieres?
-Quiero vivir contigo en el mar.
-pero ¿qué dices?, si esto no se parece al mar en lo más mínimo.
-Yo pensaba…
-Pues te equivocas amigo. Esto es solamente una burbuja de vida para mí.
-¿Cuál es tu nombre?
-Pamela.
-¿y eres feliz Pamela?
-Trato de aparentarlo. Pero bueno… ahora sabes que esto no es el mar, pequeño limón.
Y con un valor desconocido Virgilio dijo temeroso.
-¿Puedo vivir contigo?
-¿Por qué quieres vivir conmigo?
-porque creo que tu burbuja es lo más cercano que tengo al mar.
-adelante, salta y disfruta.
Y cuando Virgilio saltó unas aletas pequeñas y unos ojitos grandes le surgieron de la nada. Nació el primer pez limón. Y Pamela el pez se enamoró profundamente de él.
De su color verde esmeralda y sus ojos saltones.
Y su 5to hijo, un pececito limonesco japonés escribió este cuento en un día de frío en un mes de enero.
fine...
domingo, 3 de enero de 2010
Escape...
Hoy Ale ha venido a buscarme. Quiere sentirse exploradora de su mundo perdido, siente descubrir restos que he dejado. Busca mis pisadas y las confunde. Y es que yo no quiero que me encuentre
Hoy Ale ha divisado mi figura, encendió su lívido y sus ganas de atraparme. A pesar de que me muevo con el aire subterráneo y vivo en un mundo de luces nocturnas, persiste sin descanso. Y es que yo no quiero que me encuentre.
Ale siente mi respiración cerca, la siente detrás de su cuello, caminando por su espalda. Busca en los destellos matutino, y en las tardes de flojera (cuando es más vulnerable9, siento su nostalgia como una alergia. Y es que yo no quiero que me encuentre.
Ale ha tocado el murmullo de los mudos, soñado como un ciego, y caminado los kilómetros que abarcan mi vida. Besa la frente, y su boca tibia se vuelve una hechizo difícil de romper. Y es que finalmente me ha capturado, descubrí que es inevitable. ¿ de qué sirve escapar?
No hay esperanza…
Hoy Ale ha divisado mi figura, encendió su lívido y sus ganas de atraparme. A pesar de que me muevo con el aire subterráneo y vivo en un mundo de luces nocturnas, persiste sin descanso. Y es que yo no quiero que me encuentre.
Ale siente mi respiración cerca, la siente detrás de su cuello, caminando por su espalda. Busca en los destellos matutino, y en las tardes de flojera (cuando es más vulnerable9, siento su nostalgia como una alergia. Y es que yo no quiero que me encuentre.
Ale ha tocado el murmullo de los mudos, soñado como un ciego, y caminado los kilómetros que abarcan mi vida. Besa la frente, y su boca tibia se vuelve una hechizo difícil de romper. Y es que finalmente me ha capturado, descubrí que es inevitable. ¿ de qué sirve escapar?
No hay esperanza…
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