En la llanura extensa, el escarabajo siente caminar sin rumbo alguno, con su visión baja y sus patas que mueven el tanque de su cuerpo. La pinza del campeón cuelga de su boca. Evoca un lenguaje precario y casi invisible al mundo subterráneo, donde se mezcla con la arena y es palacio fortuito a quien lo habita.
De su armadura libera las alas que cortan un fatídico encuentro. Huyen del miedo indigente ante la mano del hombre…
martes, 24 de agosto de 2010
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