martes, 4 de agosto de 2009

a la ciclista.

Ayer por la tarde observé un puente oscuro. Mi mirada se desvió al mirar semejante arquitectura, un enorme arco justo arriba de una corriente de autos y asfalto.
Mi rumbo descuidado me llevó a una vena desconocida de la metrópoli: un sendero oculto antes de llegar a la avenida reforma.
Vestía un pantalón holgado a dos ruedas: la bicicleta que me prestaron desde hace 6 meses. Un calzado indescriptible; casi se podían ver mis pies que se salían de aquella protección de piel y cuero desnudo.

Crucé sin titubear… sin embargo, ojala nunca hubiera cruzado aquel camino pintado de rojo ese día. (Un suspiro entró por mis oídos y me advirtió de un peligro sin nombre)
Las cintas amarillas con “prohibido el paso” marearon mis sentidos. Y el objeto que tenía enfrente hizo temblar mis manos.

Una bicicleta amarrada. Un símbolo. Un manifiesto. Algún mensaje oculto entre la pintura blanca y las letras muertas que se pegaban en todas partes:


“Gobierno: Arregla esta trampa mortal”

“¿Cómo salvarse en esta ciudad de sangre?”

“Este puente es un peligro, ¡cuidado!”

“Guíanos en nuestro camino”

“El destino lo forjamos nosotros, cuidamos unos de otros”

“no más muertos”

Deje mis pies de ruedas a un lado, y mire con tristeza los demás mensajes. Mis manos temblaban mientras tomaba las fotografías. Fuimos durante unos segundos uno solo: el ojo y la lente.
Estaba desconcertado. ¿Quién habría muerto? ¿Cuándo?
Encontrar los vestigios de los hechos no es algo de lo que esté orgulloso, y sin embargo tengo tanta suerte encontrándolos.

Suspiré y miré abajo: una veladora sin fuego yacía al lado del objeto que acababa de fotografiar. Recordé mi caja de cerillos con uno solamente, y recordé que lo había guardado para mi último lucky strike…
Mi odio por la religión católica se doblegó en el momento.

Partí de nuevo sobre mis ruedas, pero fragmentado por dentro. Aquel mensaje dejó a mi cerebro pensar sobre mi existencia. Deseando que el fuego de la veladora no fuera extinguirse con el viento nocturno, y que nadie tuviera que prender una en mi nombre en mucho tiempo.
Descansa en paz joven ciclista.

2 comentarios:

Kyüketsuki-chan dijo...

pobre ciclista victima....todo se extingue como la vela

B e s t i a dijo...

La narrativa te va...
has pensado en periodismo?
Jojo...
me encantó.